PREGÓN DE FIESTAS AGOSTO 2002. JOSÉ LUIS GONZÁLEZ SÁNCHEZ
Sr. Alcalde, Sr. concejal de Cultura, miembros de la
Corporación presentes, familiares, amigos, conocidos todos.
ORCERINOS, ORCERINAS. Buenas noches.
Estoy nervioso, ansioso y, sobre todo muy orgulloso de estar
esta noche aquí frente a vosotros, para
cumplir con mi deber como hijo de este pueblo de ORCE, con la misión
encomendada por este ayuntamiento,
agradeciendo a la Corporación que lo rige su confianza en mi persona para hacer
el Pregón de las fiestas. Espero que no se tengan que arrepentir nunca.
Me llamo José Luis González Sánchez, hijo de Fernando
"Chichones" y María "la
Aludía" , en otros tiempos también llamados Fernando y María, los de los
zapatos.
Afluyen a mi memoria tantas y tantas cosas, tantos y tantos
recuerdos de niñez y juventud, que podríamos estar aquí tres o cuatro días.
Pero no temáis, ni vosotros os merecéis eso, ni yo tengo tanto poder de
oratoria.
Quiero contaros esta noche, medio en serio, medio en broma,
mis vivencias, mi estancia en este mi pueblo, ORCE.
Por entonces, los de mi generación íbamos a la escuela,
cuando no hacíamos novillos, apedreábamos perros, o hacíamos de monaguillos,
cosa que nos suponía recibir alguna que otra "perra gorda" por el
servicio prestado. Aunque, eso sí, el trabajo era fijo pero el sueldo era
eventual.
Por aquel entonces, un poco cabreado con los
acontecimientos, tomé la decisión de dejar mi empleo como monaguillo, no sin
tener algunos problemas y la oposición de mis padres, pues las decisiones, por
entonces, las tomaban ellos. Las palabras más habituales que se escuchaban
eran: "los niños se callan".
Me quedé en el paro, sin subsidio, ni ayuda familiar, pues
mi empresa no cotizaba por mí.
Por aquellos años la oferta de trabajo no era muy boyante, y
desesperado por mi inactividad, me coloqué como "recovero" de todas
mis vecinas del Muro de San Marcos. O sea, que sacaba los huevos de los
gallineros de todas ellas, empezando por Pepilla, María "la Candila",
Carmen "la joven", María "la Pancicas", mi tía Carmen y en
mi propia casa, donde ya tenía experiencia en tal menester.
Así estuve un par de semanas en las cuáles pensé en más de
una ocasión en dejar mi trabajo, pues los beneficios no me compensaban los
muchos arañazos que me dejaban las gallinas.
Pero he aquí que despertó en mí la afición por los negocios,
y así puse en marcha mi empresa, en secreto,
por supuesto, aunque nombré colaboradoras mías a todas mis vecinas sin
que ellas lo supieran, pues un secreto si lo sabe más de uno ya no es un secreto.
Seguí con mi trabajo, aunque obteniendo beneficios, pues de
cada docena de huevos que recogía me quedaba uno para mí, como pago por tan
arriesgada tarea, que era subir a aquellos gallineros que siempre estaban en lo
más alto del corral.
Primero, empecé cambiando mi sueldo en especie por otros
artículos en la tienda de Ginés, bien fuera un lápiz, un bolígrafo o alguna pila
de linterna, alguna que otra vez algún cigarrillo que, por entonces, los
vendían sueltos. Recuerdo el primer día que compré cigarros, que le pregunté a
Ginés:
-¿Tienes cigarros sueltos?- Sí. Y yo le dije: - Pues dame veinte. Más tarde pensé: "¡Que tontería, le podía haber pedido un paquete!" Porque él me dio los veinte liados en un papel de estraza.
-¿Tienes cigarros sueltos?- Sí. Y yo le dije: - Pues dame veinte. Más tarde pensé: "¡Que tontería, le podía haber pedido un paquete!" Porque él me dio los veinte liados en un papel de estraza.
Todo iba sobre ruedas. Mi negocio viento en popa y mis
colaboradoras, contentas, pues tenían resuelto el problema de la recogida.
Aunque ignorantes de todo el proceso del negocio. Por algo era mi secreto.
Aquello se me empezó a ir de las manos, pues con el paso del
tiempo las existencias cada vez eran mayores, por lo que tuve que hacer un
almacén, el cual situé en el corral de mi casa, o sea, enterraba los huevos en
la basura hasta que juntaba una docena, la cual vendía, o bien a la Lelo la de
"los Fragüeros" o a Presenta
"la de José Simón". Así, a parte de cambio en especie, empecé a
obtener beneficio en moneda de curso legal. Por lo cual me sentía realizado en
lo personal y suficientemente pagado en lo económico. Pero como en la vida no
hay nadie perfecto y, aunque listo, tuve un pequeño desliz. Bien fuera por un error de cálculo en el tiempo, o bien por
la cuota de mercado, o esperar que subiera el precio, se me atrasó la mercancía
y de aquella ultima docena vendida, más de la mitad salieron güeros. Una de mis
clientas, no recuerdo cual, en vez de dirigirse a mí personalmente, tuvo la
feliz idea, para mi desgracia, claro, de elevar su queja a una de mis
colaboradoras más directas, que en este caso era mi Madre. En ese mismo
momento, mi negocio dejó de funcionar, por decisión unánime de la mayoría de sus
socios.
Aquella noche, juicio "sumarísimo", pues como
podéis entender, de abogado defensor, nada de nada. Se habían erigido en jueces
mi Padre, ni Madre, alguna que otra vecina y mi tía Carmen que, como dice el
dicho, y valga la redundancia, "Cada uno en su casa y Dios en la de
todos", pero en mi familia se decía "Cada uno en su casa y mi tía
Carmen en la de todos". Eso sí, siempre para hacer algo bueno, jamás le
conocí mala intención.
Interrogatorio de todos ellos, reconocimiento de los hechos
por mi parte y declaración jurada, por el "Niño Jesús", de que
aquello no volvería a suceder. Cual fue mi sorpresa, cuando mirándose unos a
otros, acabaron todos riendo. Aún no sé si porque les hizo gracia mi relato, o
porque no quisieron reconocer el ridículo de verse estafados por un mocoso.
Aquella noche no pude dormir, pues mi máxima, por entonces,
era dormir cada noche con el cuerpo caliente y ante la falta de
"leña" me desvelé, pensando que haría al día siguiente, pues me
habían requisado los bienes, confiscado las cuentas y, por supuesto, me
encontraba en "Banca Rota".
Por aquellos años yo vivía a caballo entre la huerta de
"Cuatro Ojos", la cual regentaban mis abuelos paternos, y el
"Cortijillo", donde vivían mis abuelos maternos. Recuerdo, por
proximidad de edad, mis aventuras de "mata gallinas", en la huerta,
con mi primo "el Quin". Y del "Cortijillo" tengo presentes
a mis primos José Antonio, Antonio y Rafaelillo que, por aquel entonces, ya
empezaron a iniciarse en el arte de las fechorías, cosa que a mí me alegró
sobremanera, porque me ayudaron mucho en la dura tarea de recibir toda la
"estopa" que por allí se repartía, pues me asombraba la facilidad que
tenía mi tía Angelina para pasarse el
"alpargate" del pie a la mano pues, aunque nosotros andábamos
ligeros, los dos primeros alpargatazos no nos los quitaba nadie. También se
llevaron su parte, también.
Al verano siguiente
pagué mi culpa, pues me asignaron el trabajo de "pinche", o sea
llevar el agua y la comida a los "segaores". Con aquella perola de
porcelana "colorá" y aquellos malditos ganchos que, por más cuidado
que ponía, jamás conseguí que no se derramara el caldo que, por otra parte, era
lo que más había en la perola, pues las "tajás" andaban escasas.
Un día, yendo a la Algaida con mi perola en una mano y la
cesta en la otra, pasando por el "Callejón del Jardín", al llegar a
los "Poyos del Chorreaó", me encuentro con el "Perulillo" y el "Andrú".
Nos saludamos como buenos colegas. A esto que me dicen que no era capaz de
voltear la perola por encima de la cabeza. Que sí..., que no... Que no..., que
sí... Yo "que no necesitaba cominos pa regordar". Intento por mi
parte, y perola que acabo rodando por el suelo en la puerta de la huerta de
"Cáceres".
Las consecuencias las pagaron Antonio "el Collerero",
Antonio "Chimeneas", "el Merguizo" y mi Padre que, aquel
día se quedaron sin comer. Yo observé que no a todo el mundo le sienta igual el
ayuno, pues mi padre se cabreó mucho mientras que los otros se
"escojonaban" de risa.
Mención a parte se merecen aquellas vísperas de Navidad en
el horno de Vicente y "la Joven"; las mujeres, haciendo rosquillos,
mantecados, galletas..., y Vicente, en la boca del horno y en el cielo, pues,
aunque a su manera, se acordaba a cada momento de Dios, la Virgen y todos los
Santos. Allí había calor natural, había comida, había calor humano, aunque
alguna que otra vez te "calentaran" el cuerpo.
Aquella casa era especial. Montarme en los burros con Pepe,
hoy mal llamado "el Tío Malo"; ir a repartir el pan con"el
Pedro" y "el Tomas"; comerme aquellas rebanadas de pan con
aceite y azúcar con "la Lola" y "la Conchi"; o quitarle las
asas a los calderos para hacernos unas rulas con "el Nino", el cual
también fue colega en lo de la adicción al alpargate.
Ya más adelante, recuerdo los viajes al río de Galera para
la caza del cangrejo, en el "Motocarro" de Pedrito "el
Avellanero", con Antonio el de Segundo, José Luis el de Ginés y, en alguna
que otra ocasión, Don Francisco, el Cura, el cual tenía su casa a nuestra
disposición. Otras noches, de cacería, en las cuales se salía, se cobraba la
pieza, se mataba, se pelaba, dos noches al relente, y a la noche siguiente,
bien frita o bien asada, para el cuerpo. Por lo de las dos noches al relente,
habréis deducido que no era conejo: era gato.
Como no recordar aquellos años de formación Cultural, con
aquellas presentaciones teatrales en las "falsas" de la iglesia, en
compañía de Amador Cañabate, Leandro Castellar y Antonio Reina, amigos y
compañeros en el difícil arte, por aquel tiempo, de buscar novia. Tan difícil,
que Antomio Reina y yo no sacábamos nada en claro por aquel entonces. No así
Amador y Leandro, que de allí sacaron la familia que hoy tienen, casándose con
las hermanas "Luchana".
Cómo no acordarme de mi etapa aquí en la puerta de la
Iglesia, con Antonio "Chaquetas" y "la Lola" Francisco
"el Culto" y "la Antonia", María la de "Josillo"
el de la "Cañá Caravaca" y tantos otros del entorno, que eran vecinos
comprometidos en las penas y en las alegrías de cada casa. Quizá más penas que alegrías,
pues eran años difíciles.
Y ahora, llegados a este punto, no quiero pedir licencia,
sino que me la voy a tomar, para recordar a una persona, la cual, hace
cincuenta años, tuvo la culpa de que yo esté hoy aquí: "La Madre que me
parió".
Lo que os voy a leer, hace veintiocho años que lo plasmé en
el papel, pero hasta el día de hoy no había encontrado ni el momento ni el
lugar más adecuados para hacerle éste, mi pequeño homenaje. Por tres razones
fundamentales: Primero, porque aquí a mi izquierda,está la casa donde vivió y
murió. A mi izquierda, también, la iglesia que la despidió en su último viaje.
Y aquí, frente a mí, tanta y tanta gente que la conoció y convivió con ella.
¡Va por ti, Madre!
Murió mi Madre
no era primavera,
ni invierno, ni otoño,
¿era verano? Ahora recuerdo.
Fue un día de septiembre,
cuando caía la tarde,
el Sol también se ocultaba
y también se fue mi Madre.
Se fue sin decirnos nada
y sin un solo suspiro,
a mi Madre amortajaban.
Por loco a mí me tomaron,
porque a ella yo limpiaba
el sudor que, de su frente,
toda la noche manaba,
aún cuando ya en su caja
con ella yo sonreía
y amigablemente hablaba.
¡Oh, Madre!,
que noche desesperada,
esperando que a otro día
los curas se te llevaran,
y aunque la noche fue larga,
el día llegó triunfante
y a hombros yo te sacaba.
Madre,si hubieses visto,
la multitud esperando,
hombres, todos cabizbajos,
mujeres y niños llorando,
y yo que a Ti te llevaba
camino del Camposanto.
No sabes mi dolor, Madre,
cuando a mí me separaron,
de aquella caja de lujo
que todos te regalamos
para tu último viaje,
que al Cielo tú hacías, Madre.
Te dejaste una casa,
una casa hecha un desastre,
un marido que lloraba,
cuatro hijos suplicaste,
y cinco años hace, Madre,
que te fuiste, y nos dejaste,
y cada noche te veo
en el Cielo, a Ti, triunfante.
(2
de febrero de 1974)
Ahora, para ir terminando, quiero hacer referencia a las
Fiestas de San Antón de Montornès.
Fiestas que, hay que reconocer, pusieron en marcha Julián y
Fernando, así como se hacen las cosas para que salgan bien, sin pensarlo
demasiado, aunque después hay que llevarlas a la práctica y contar con la
colaboración de muchas otras personas, cada una haciendo lo que sabe.
Nombres como los de Luis"el Correo", tostando los
garbanzos y los cañamones, dándole color a la fiesta haciendo de
"Cascaborra". Su hermano Cesar"el correo" y Joaquín Arrés,
como maestros migueros, acompañados de alumnos aventajados para desliar esas
sartenes de migas, para hacer el deleite de todos los asistentes que también
son piezas fundamentales para dicha celebración. Sin olvidar a Miguel el de
Arturo, partiendo jamones y embutidos, a todas las mujeres que colaboran y
tantos y tantos otros que se pueden dar por nombrados.
Ya son cuatro años de agasajo a San Antón en Montornès,
fiesta que año tras año va a más. Hemos contado con el apoyo material de varios
vecinos de Orce, con embutidos y otras viandas, y el apoyo moral de este
ayuntamiento, con la presencia el tercer y cuarto año de su Alcalde, José
Ramón, y el concejal de Cultura,Pepe Merlos, el cual, el ultimo año, llevó la
bandera de San Antón de ORCE hasta Montornès, la cual recibimos con cariño y yo
bailé con mucho orgullo.
También nos ha visitado gente de aquí, las cuales han
quedado encantadas con nuestra fiesta y su organización. Gracias a todas las
personas que de una manera u otra colaboran, bien sea trabajando, aportando o
comiendo y bebiendo. Y ¡Cómo no! La música que hemos tenido. Los primeros años,
con la familia los"Ciñaos" y este último año, con el incomparable conjunto
de "Piguel y sus amigos" que, desinteresadamente se desplazaron hasta
Montornès para amenizar la fiesta y deleitar con su música a todos sus
paisanos.
No quiero desde aquí pedir nada, Pero si alguien se acuerda
de nosotros, lo que venga, bienvenido sea, bien sea de particulares, o de algún
organismo oficial.
Quiero terminar con unos versos dedicados a mi pueblo, que
es el vuestro, ORCE.
AÑORANZA
Soy de ORCE y orcerino,
para esta tierra mi amor,
Cataluña donde como,
mi pueblo en el corazón.
Descansar quiero en tu seno,
por eso quiero volver
a vivir en esta casa,
casa que me vio nacer.
Y pasear por tus calles
del Muro hasta el Nadador,
sentarme en la Plaza Nueva
contemplando el Saltador.
Y beber agua en Los Caños
mientras me seco el sudor,
en esos días de verano,
cuando agobia el calor.
Y en los crudos inviernos,
quiero sentir el fervor
de los niños y los viejos
que estén a mi alrededor.
Nada más. Desearos unas fiestas abundantes en compañía de
familiares y amigos. Que cada cual las viva como sea su deseo porque, al fin y
a la postre, de lo que se trata es de disfrutar.
Gracias por escucharme y buenas noches a todos.
José
Luis González Sánchez.
11 de Agosto de 2002
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